La presidenta Cristina Cifuentes, en el callejón I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Estimada Presidenta,

Se ha quedado fuera de la corrida de la Cultura Juan del Alamo. Un torero de Salamanca que cortó dos orejas y debieron ser tres, si atendemos a la petición unánime, masiva e insistente del público. (Le adjunto copia del vídeo del asunto). La cuestión a debatir, señora presidenta, no es si el salmantino tenía más o menos derecho a ocupar ese lugar que ha sido para Ginés Marín. Porque Ginés lo tenía por derecho. Debatir entre los derechos de uno u otro, presidenta, es una de esas broncas estériles e interminables que usamos los taurinos para gastar las horas que nos hacen falta. Había una salida salomónica: ocho toros. Pero el paso de nuestros pasos nos hace ser predecibles y sacarnos del número seis en Las Ventas hacia otro que no sea el seis, sería una sacrilegio como el de hacer casa de putas a la Santa María del Fiore en Florencia. Pregunte usted a sus asesores en Tauromaquia. A su Centro de Asuntos Taurinos, sanedrín de sabiduría, autoridades de la fe a pesar de la propia fe.

Seguro que le dicen exactamente eso. Y usted, lógico, se disciplina ante su desconocimiento, diciendo amén a los sabios. Pero, si tiene unos minutos, déjeme que le diga que nos  hemos creído que la tradición, la liturgia y el respeto es no cambiar nada al mismo tiempo que hablamos de cambio. Es como si usted dice llegar a suceder en el trono a Aguirre y usa los mismos métodos y mismos sabios que Aguirre. Pero, sigo. El asunto es que una persona y sólo una, le quitó a Del Alamo el derecho legítimo a estar en la corrida de la Cultura. Lo hizo negándole una oreja pedida por unas 18.000 personas que estaban ese día en la plaza.

De todos es sabido que es usual, en el toreo y sólo en el toreo, que se junten en un solo espacio/tiempo 18.000 o 23.000 estúpidos enajenados diletantes neocomunistas o conspiradores contra le esencia del toreo y, quien sabe, si miembros del ISIS o, en su defecto, papamoscas y casposos. Y como es usual,  nos libra del desastre de nuestra civilización un paladín. Si soy sincero, Presidenta, pinta gallarda de paladín no tiene, para que decir mentira por verdad, mas bien pareciera  ser madero a mucha honra.

No se moleste, presidenta: si consulta este hecho, su Sanedrín le dirá que Del Alamo es muy malo y que una oreja bastaba, no vayamos a hacer casa de putas al Vaticano. Por cierto, mire la media de edad de su Sanedrín antes de ejercer el albedrío literario de la frase anterior, pues puede que la condenen a la lapidación. No exagero. Presidenta Cifuentes: a bote pronto, una actividad lúdica, cultural, de ocio o como queramos denominar al toreo, no tiene futuro alguno si concedemos el derecho a una persona y sólo a una, para decidir  sobre lo único que se proyecta hacia el futuro de un torero (por ende, de la Fiesta): el éxito o el fracaso en el ruedo. Ningún futuro. Y lo argumento. Mientras afirmemos que esto es Cultura y que forma parte de un Derecho de los ciudadanos y, al mismo tiempo, eliminemos el contenido de decisión popular a esa cultura y el derecho del público a decidir sobre la obra, estamos negando que seamos un acto culto y libre.

De otra forma. Es una brutal contradicción intentar llamar a la puerta de los futuros sociales con actuaciones propias de pasados donde la autoridad estaba en manos del autoritario. Donde la decisión final estaba en manos del padre padrone. De otra forma. Es absurdo demandar libertad y derechos para la Tauromaquia, demandar el ejercicio del libre albedrío cultural y creativo ante sociedad, autoridades e instituciones, y mantener pautas de comportamiento regulativo de hace casi cien años, cuando la libertad ni siquiera se cantaba en las canciones.

¿Cómo decirle a un juez en el siglo XXI de la democracia, que reclamo el derecho a ser libre y a  manifestarme según derecho legítimo, si yo, si usted, Presidenta, al  mismo tiempo,  mantenemos criterios autoritarios de reglamentos nacidos en la más dura de las Dictaduras de este país, que, a su vez, emanan de los regímenes autoritarios de otros siglos?

Cómo le explico yo a ‘lo social’ que, además, el buen discurrir de mi cultura, de mi libertad y de mis derechos pasan por la auctoritas de una sola y sólo una persona?

Cómo le explica usted a sus hijos Javier y Cristina, como le explico yo a la mía, que el futuro de una obra de arte en tauromaquia pasa por una sola persona que puede insistir en llevar la contraria casi al límite del escándalo público, a 23.000 personas. Dígame cómo lo explica a sus hijos porque yo no se explicárselo a los míos.

Lamentablemente, cada ‘buen’ aficionado y casi cada ‘buen’ presidente de corrida, llevan dentro un desprecio hacia la mayoría. Desprecio con o sin prejuicio, pero siempre basado en que ellos tiene el conocimiento y la mayoría no. Por tanto ellos tienen la razón y los otros no. Cristina: cualquier artista sabe que una obra de arte no es suya, sino que pertenece a la percepción que los públicos hagan de ella. Es una máxima clásica de la libre creación desde que el primer poeta escribió el primer verso. Los sabían  y lo dijeron, con una u otras frases, desde Aristóteles hasta Picasso. Menos en el toreo.

Aquí la autoritas sustituye a la percepción de los seres humanos y es ella  quien dice que es una obra de arte, que calificación tiene y que repercusión tiene. Quizá por eso, querida Presidenta, el toreo NO es un arte de cara a la sociedad. SOLO ES UN ARTE ADMINISTRATIVO, que es lo mismo que decir que es un arte impuesto. Este alejamiento del libre albedrío en el que consiste la percepción de las obras y la valoración de las emociones, es, presidenta, la negación de nuestro futuro.

Por tanto, el toreo no es arte. Máximo es medio arte, pues el libre albedrío de los sentimientos del pueblo queda reducido a la mitad. La mitad de la decisión sobre la obra, la mitad decisiva, es decisión de una sola y solo una persona. Le voy a contar un secreto, ‘Cien años de soledad’ de Márquez, tardó en publicarse unos 25 años porque una persona y solo una (el editor de turno) decidía  que era una mierda. Lo mismo le paso a Allende con ‘La casa de los espíritus’. Y sin responsabilidad.

Porque todo esto, señora Cifuentes, sería medianamente aceptable, si hubiera algún tipo de responsabilidad. Y aquí llegamos a lo más indecoroso y autoritario. Usted, como licenciada en Derecho, sabrá que todo  acto de autoridad, en un sistema de derecho, lleva aparejado de forma natural, un acto de responsabilidad. Menos en la corrida de toros. Aquí elevamos al infinito la cuadratura de un círculo obsoleto y decadente, arbitrario e injusto, caduco y malvado, que dice que la decisión de una autoridad se ejecuta con el blindaje previo de que el artista no puede ejercer el derecho, admitido en convivencia de Derecho legal, de pedir amparo a la justicia, demandando a quien hace el acto lesivo y exigiendo daños y perjuicios. Y que decida el juez.

En justicia, otro tipo de justicia, desde luego, Presidenta, Juan del Alamo ha visto sus derechos e intereses lesionados: tres orejas significan más contratos, más dinero, la Corrida de la Cultura… Los toreros que han visto negadas las orejas este año, han sido víctimas de una decisión arbitraria por parte de una autoridad a la que no se les puede reclamar en un tribunal daños y perjuicios consecuencia de esa decisión. Incluso, en el caso de la primera oreja, haciendo caso omiso de la norma. Una oreja es más contratos y más dinero, o, al menos, optar a ellos. Pero resulta que la autoridad tiene el blindaje administrativo que consiste en que, a priori, nadie puede pedirle daños y perjuicios. Tampoco puede hacerlo un ganadero al que se le rechaza una corrida.

Este sistema, visto desde la perspectiva objetiva del Derecho y de los derechos, es pre constitucional. Convierte a la decisión de la autoridad en una decisión autoritaria. Incluso si ésta fuera del agrado de quien la recibe. Si yo fuera torero o ganadero, lo tendría muy claro. Con las pruebas físicas que dan los tiempos actuales, demandaría a cada presidente cada vez que considerara que su acto es arbitrario y ha lesionado mis derechos como torero o como ganadero. Y que la justicia decida.

Porque, y esta es otra cuestión esotérica del toreo, el presidente de un palco de una plaza de toros es una autoridad administrativa para un acto administrativo: que se cumpla un Reglamento. Pero resulta que se arroga ser una autoridad, no sólo en materia administrativa sino en materia artística. Es decir, que un acto de autoridad administrativa, de facto, se convierte en un acto de autoridad artística. Y, de esta forma, se pervierte la ley (Ley de Potestades Administrativas en Materia de Espectáculos Taurinos, así se llama) para, en lugar de administrar, juzgar, valorar, enjuiciar y decidir sobre el suceso artístico. Si yo fuera empresario, ganadero o torero, ya habría planteado esta situación allí donde seguro la ganaría, Presidenta, en los Tribunales.

Pero no tenga temor alguno. Toreros, ganaderos, empresas,… callan ante  este arbitrio por temor. Nadie le argumentará estos asuntos. Nadie le dirá, Presidenta,  el caso de un toro ‘currado’ (tentado, Presidenta, en mi opinión y en la de muchos profesionales del toreo), peligroso en grado máximo, al que un presidente ordena un bis en banderillas del que resulta un banderillero herido. Que le pasen el vídeo. Nerón habría tenido más talento que ese presidente, afirmación que sostengo porque no tengo temor alguno a presidente alguno de plaza alguna. No por chulería, sino por respeto a la dignidad del toreo.

¿Pudo haber muerto o haber sido muy grave la cornada? Por supuesto. Pero, incluso ante este previsible final, el presidente no tiene responsabilidad porque la Administración le permite decidir (administrar) el tercio de banderillas siguiendo el guión escrito. Un guión que no dice nada para el caso  de un toro tentado o reparado de la vista. Es tan así, tan ridículo, absurdo y lamentable, tan autoritario, arbitrario y alejado de razón, que si ese toro causa muerte al banderillero, el presidente alegará el texto reglamentario. Y santas pascuas. No importa la coherencia, la lucidez humana, el sentido del espectáculo, la prioridad del sentido común,… Tiene autoridad y la tiene sin responsabilidad de sus decisiones.

Usted es de la rama de Empresas en Derecho. Pues mire: estamos ante sistema normativo que se aplica en un espectáculo cuyo presupuesto este año en Madrid es de 7.000.000 de euros (si, yo fui uno de los que dije y digo que lo del pliego ha sido una afrenta al futuro del toreo) queda en manos de una autoridad sin responsabilidad alguna. El día que un agraviado lleve este debate a los tribunales, las cosas van a cambiar. Pero, mucho me temo que las componendas, los entrebastidores, entresijos y otros entres del toreo, impedirán que nada cambie, porque este sistema les va bien a todos. Usted, Presidenta, sabe que cambiar del ‘sistema’ Aguirre/Gonzalez al suyo, lo suyo le ha costado en el Sanedrín del PP.

Termino. Dígales a sus consejeros áulicos que le expliquen a la sociedad de hoy, a sus hijos, a los míos, empapados cultural y educacionalmente en criterios de autoridad/responsabilidad, de libertad/creación/percepción popular, que en el toreo no es así. Que aquí, señora Cifuentes, electa presidenta usted no sería ni electa, ni presidenta. No. Aunque 23.000 almas le dieran su voto, el futuro de su lugar político no quedaría asegurado. No habría ganado las elecciones. Usted, el PP, las ganó con 1.050.256 votos. Pues mire, es lo mismo que si esos votos valieran una mierda (con perdón por la expresión) y el señor que está en el palco de una plaza que depende de usted, decide que usted es mala torera y que el maestro es el gordito Carmona del PSOE. ¿Cómo lo ve?

Sea responsable y valiente. Ayude a cambiar este sistema de autoritarismo por el de una autoridad que, de verdad, considere al toreo como expresión de la cultura de un pueblo. De su pueblo. De Madrid.

Atentamente.